HLI : Disforia, transgenero y atencion verdadera

DISFORIA TRANSGÉNERO, MEDICINA Y ATENCIÓN VERDADERA: CORRIGIENDO UN PROYECTO IDEOLÓGICO FALLIDO
Por el Padre Shenan J. Boquet – presidente de Vida Humana Internacional
Publicado el 4 de mayo del 2026

La Dra. Karine Khatchadourian es una endocrinóloga pediátrica canadiense. Según sus propios cálculos, en los últimos doce años ha atendido entre 250 y 300 niños que se identifican como transgénero.

Es la autora principal del primer estudio canadiense, publicado en 2014, sobre cómo tratar médicamente la disforia de género en jóvenes, es decir, administrarles altas dosis de fármacos para impedir la pubertad o hormonas sintéticas para que sus cuerpos se asemejen a los del sexo opuesto.

Hasta hace muy poco, colaboró en la gestión de la clínica de género del Hospital Infantil del Este de Ontario (CHEO, por sus siglas en inglés). Aún afirma públicamente que cree en los llamados "tratamientos" para personas transgénero que ha defendido durante toda su carrera.

Sin embargo, en abril de 2026 sorprendió a sus colegas y acaparó la atención nacional al declarar públicamente que su especialidad ha perdido el rumbo. En una conferencia en Canadá, y posteriormente en una entrevista con la periodista Sharon Kirkey del National Post, Khatchadourian describió el campo que ayudó a impulsar como una zona gris de gran trascendencia, con hallazgos contradictorios en el mejor de los casos.

En otras palabras, la ciencia está lejos de ser concluyente, como han afirmado muchos profesionales de la salud que defienden a las personas transgénero. De hecho, la evidencia podría apuntar en la dirección opuesta, es decir, en contra del tratamiento que se ha dado a muchos jóvenes.

“Con todo lo que sé hasta ahora, puedo afirmar que cuestionaría la medicalización de la mayoría de los jóvenes que acuden a las clínicas”, declaró Khatchadourian, según el National Post. “Creo firmemente en este tipo de atención», continuó. «Pero debe abordarse con rigor y cautela, dada la importancia de este campo”.

No podría estar más en lo correcto.

El contagio de la disforia de género

¿Qué ha cambiado para Khatchadourian? ¿Qué observa ahora que no veía hace quince años, cuando estaba a la vanguardia de la "medicina" pro-transgénero?

Observa, en primer lugar, una población clínica que no se parece en nada a aquella para la que se desarrolló el "Protocolo Holandés" original (el estudio fundamental sobre el que se construyó todo el modelo de "transición" pediátrica) a principios de la década de 1990.

Los pacientes holandeses originales eran un pequeño grupo de varones biológicos con disforia persistente de inicio temprano. Hoy, según Khatchadourian, el setenta por ciento de los niños que acuden a las clínicas de género son niñas. Muchos de ellos presentan diagnósticos psiquiátricos o del neurodesarrollo (por ejemplo, autismo, ansiedad, depresión, trauma complejo) que dificultan cualquier intento de interpretar su sufrimiento como una simple cuestión de "género".

Según ella, el auge de la identificación no binaria entre las adolescentes tiene mucho que ver con las redes sociales y la influencia de sus pares. “Sabemos que las redes sociales y los compañeros tienen una mayor influencia durante la adolescencia”, afirmó. “Es muy difícil saber, al ver a un paciente, cuánto de su historia es realmente suya y cuánto se basa en la influencia de sus compañeros y las redes sociales”.

Argumenta que los médicos están abusando del principio de autonomía del paciente para validar cualquier cosa que una adolescente confundida de catorce años declare sobre su propio cuerpo. Y la mayor preocupación de Khatchadourian es la pérdida irreversible de fertilidad inducida por fármacos en pacientes que aún no han terminado de madurar.

“Las conversaciones más difíciles siempre giran en torno a la fertilidad”, dijo. “La mayoría de las veces, oyes a jóvenes decir que no quieren tener hijos, que no quieren hijos biológicos, o qué si los quieren en algún momento, considerarán la adopción. Hay que preguntarse: ¿Es una respuesta madura? ¿Lo han pensado detenidamente? ¿Han demostrado realmente capacidad para dar su consentimiento?”.

Por su franqueza, Khatchadourian fue discretamente apartada de la dirección de la clínica de género del CHEO. Como ella misma lo expresa con ironía: “Se consideró que mi experiencia sería más útil si me centrara en otras responsabilidades clínicas y académicas”.

Por supuesto que lo consideraron así sus detractores dentro del movimiento.

No está sola

Como señalé en mi reciente columna sobre la persecución de Isadora Borges en Brasil, las fisuras en el supuesto “consenso” médico que sustenta los protocolos radicales de género pediátrico se han ido multiplicando desde hace algún tiempo ya. Lo sorprendente ahora es la rapidez con la que se están ampliando esas fisuras y cuántas de ellas aparecerán solo en 2026.

A finales de enero, Fox Varian, de 22 años, se convirtió en la primera estadounidense en revertir su transición de género en ganar una demanda por negligencia médica contra los doctores que la operaron cuando era menor de edad. El tribunal le otorgó 2 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios por parte del cirujano y el psicólogo de Nueva York que le extirparon los senos sanos a los dieciséis años. Veintiocho demandas similares están pendientes en todo Estados Unidos.

Días después, la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos (ASPS American Society of Plastic Surgeons, por sus siglas en inglés) publicó nuevas directrices advirtiendo sobre los riesgos de las cirugías de transición de género en menores. La Asociación Médica Estadounidense (AMA American Medical Association, por sus siglas en inglés), que durante años había sido una de las voces más firmes en Estados Unidos en la defensa de la atención médica de afirmación de género como un derecho humano fundamental, no tardó en sumarse a la postura, declarando por primera vez que dichos procedimientos deberían posponerse hasta la edad adulta.

En febrero, Baystate Health, el mayor sistema hospitalario del oeste de Massachusetts, suspendió abruptamente la prescripción de hormonas de reasignación de sexo a menores. Hospitales de California y otras partes de Massachusetts siguieron su ejemplo. En parte, esto se debió a que el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS Department of Health and Human Services, por sus siglas en inglés) había amenazado con retirar el reembolso de Medicare y Medicaid a cualquier institución que continuara con esta práctica. Los hospitales que hasta semanas antes habían insistido en que estos tratamientos eran "médicamente necesarios, incluso vitales", cedieron casi de la noche a la mañana ante el cambio en la política de financiación.

El testimonio de Khatchadourian es solo la voz más reciente y una de las más autorizadas en un coro que incluye la Revista Cass en el Reino Unido, los cambios de política en Suecia, Finlandia y Noruega, los giros de la AMA y la ASPS, el cierre de hospitales en Massachusetts y California, y las demandas de personas que buscan revertir su transición, como la de Varian Fox.

Los tiempos están cambiando.

Lo que revelan los “cambios de género”

Durante los últimos veinte años, a quienes expresamos serias preocupaciones sobre la industria de la "transición" pediátrica se nos dijo, con gran solemnidad, que estábamos equivocados respecto a la ciencia. La comunidad médica había hablado. Las organizaciones profesionales habían llegado a un consenso.

Se nos aseguró que la "razón de la historia" era perfectamente clara. Cualquiera que cuestionara la seguridad, la sensatez o los efectos a largo plazo de la transición médica de un niño simplemente ignoraba a los expertos.

Resulta que el supuesto “consenso” con el que nos oprimieron como grupo durante tantos años nunca fue realmente un consenso. Fue un consenso fabricado, producido por activistas dentro de las sociedades profesionales pertinentes, en coordinación con socios mediáticos y aliados políticos, mientras que los médicos disidentes (aquellos que, como Khatchadourian, veían lo que sucedía, pero aún no estaban preparados para hablar) fueron silenciados.

Lo que se les vendió a las familias y al público como ciencia establecida era, al examinarlo, un proyecto ideológico que había captado a instituciones clave de la medicina. La ciencia ahora está reconociendo esta realidad. Y los innumerables niños que fueron esterilizados, marcados y abandonados por el sistema mientras tanto pagarán las consecuencias por el resto de sus vidas.

El cuerpo humano es un don

Como siempre, la Iglesia Católica jamás se dejó seducir por esta nueva ideología que prometía un mundo de “libertad” para quienes sufren disforia de género. Profundamente arraigadas en la verdad de la persona humana, las instituciones y la doctrina católicas han recordado constantemente a nuestra cultura la importancia de la cordura, una cordura que ahora comienza a reafirmarse.

En noviembre de 2025, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos promulgó la séptima edición de las Directrices Éticas y Religiosas para los Servicios Católicos de Salud (DER, por sus siglas en inglés). La Directiva 28 de esta nueva edición, basada en la encíclica Amoris Laetitia del Papa Francisco, establece:

La creación es anterior a nosotros y debe ser recibida como un don. Las instituciones, servicios y personal de atención médica católica no pueden realizar ni facilitar intervenciones, ya sean quirúrgicas, hormonales o genéticas, que no busquen restaurar, sino alterar el orden fundamental del cuerpo en su forma o función.

La respuesta católica al transgenerismo (disforia de género) se fundamenta en la idea de que la persona humana es una unidad de cuerpo y alma. El cuerpo no es un disfraz ni una posesión. No es una máquina biológica que deba optimizarse mediante química y cirugía para ajustarse mejor a una convicción mental. Es el don que recibimos al ser formados en el vientre materno.

Como enseñó el Papa Francisco en Amoris Laetitia, es anterior a nosotros y debe ser recibido con gratitud y respetado por lo que es. El Catecismo de la Iglesia Católica expresa la misma idea a su manera: “Todo hombre y mujer debe reconocer y aceptar su identidad sexual” (Nro. 2333).

¿Qué significa una atención genuina?

Durante las últimas dos décadas, marcadas por una presión ideológica cada vez más intensa, una coerción manifiesta y un supuesto “consenso” artificialmente fabricado sobre cuestiones de género, se ha perdido de vista a las personas que sufren el terrible dolor de la disforia de género.

Se trata de niños, adolescentes y adultos cuyo sufrimiento es real, cuyas dificultades de salud mental suelen ser agudas y cuyas familias a menudo se encuentran desesperadas. La postura católica no es que su sufrimiento deba ser ignorado, sino que merecen algo mejor que las falsas promesas de una “transición” médica.

La Directiva 29 dentro del documento denominado como Directrices sobre Derechos de los Empleados (DER, por sus siglas en inglés) insta a los profesionales sanitarios católicos a “mitigar el sufrimiento de quienes experimentan incongruencia o disforia de género”. Una atención genuina, que respeta al paciente como una unidad de cuerpo y alma, aborda las causas subyacentes: depresión, ansiedad, autismo, ruptura familiar y la saturación de la mente adolescente por las redes sociales. No comienza prometiendo lo que no se puede cumplir. No termina dejando a una persona joven estéril, marcada y desilusionada, sin posibilidad de volver atrás.

La Asociación Médica Católica ha sido una voz destacada a favor de este enfoque. Sus médicos lideran ahora una iniciativa nacional para identificar clínicas dispuestas a atender a personas que han revertido su transición de género (jóvenes que, tras someterse a una transición médica, no han mejorado su situación y ahora necesitan ayuda para afrontar las consecuencias).

Además, la Asociación Médica Católica ha instado al Departamento de Salud y Servicios Humanos a que abandone la expresión orwelliana “atención de afirmación de género” y la sugiera con mayor precisión denominándolos como: “procedimientos de rechazo de sexo”.

Aférrate a la verdad

Lamentablemente, a pesar de las crecientes señales de que las cosas están cambiando hacia la cordura, la batalla está lejos de terminar.

Para empezar, la ideología no desaparecerá simplemente porque la evidencia médica se haya desmoronado ante ella. Los ideólogos seguirán exigiendo, con la ayuda del Estado cuando sea posible, que dejemos de notar lo que ahora es imposible de negar.

Como señalé en mi columna reciente, esto es precisamente lo que le sucedió a Isadora Borges en Brasil, lo que le sucedió a Jennifer Melle en Inglaterra, y lo que se está intentando, en este mismo momento, contra padres comunes en nuestro propio país. Esto incluye, según informes recientes, a padres en Oregón que corren el riesgo de perder la custodia por negarse a "afirmar" la afirmación de su hija adolescente de ser varón.

Más fundamentalmente, incluso si todas las clínicas de género del mundo cerraran mañana, el error antropológico más profundo que alimentó este episodio persistiría. La idea de que el cuerpo humano es una materia prima maleable, que la voluntad puede moldear para adaptarla a cualquier convicción interna del momento, no surgió con la ideología de género, ni terminará con ella. Ya hemos visto versiones de este mismo error (en la revolución anticonceptiva, en el régimen del aborto, en la expansión de la eutanasia), y lo volveremos a ver, con un nuevo disfraz tecnológico, en los años venideros.

La respuesta católica, como siempre, es proclamar la verdad con valentía y amor. Tenemos la obligación de afirmar con claridad que el cuerpo es un don, que los hombres son hombres y las mujeres son mujeres, que los niños no deben ser esterilizados para satisfacer ideologías adultas, y que los padres tienen el derecho insustituible de proteger a sus hijos de quienes les harían daño.

Y tenemos la obligación de decirlo de tal manera que incluso aquellos más heridos por estos errores, incluso los activistas más convencidos de nuestra hostilidad, puedan percibir en nuestras palabras algo más que una mera convicción ideológica. Ojalá puedan percibir una preocupación amorosa por los seres humanos que están siendo perjudicados por esta ideología perversa, incluyendo a los activistas transgénero más fervientes, que a menudo se encuentran entre los que han sido más profundamente heridos por sus creencias erróneas.

P. SHENAN J. BOQUET

Como presidente de Human Life International, el Padre Shenan J. Boquet es un destacado experto en el movimiento internacional provida y familia, habiendo viajado a casi 90 países en misiones provida durante la última década. El Padre Boquet trabaja con líderes provida y profamilia en 116 organizaciones que se asocian con Vida Humana Internacional para proclamar y promover el Evangelio de la Vida.

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